24 Octubre 2014

Artículos

Reducen abandono de aulas; protegen educación gratuita

Rastrojo Copala, Juxtlahuaca.-Quieren tener mil profesionistas en 2024, una meta ambiciosa para las comunidades indígenas de la zona Triqui, en donde la marginación, la falta de empleo y la violencia han hecho de la migración el sueño más anhelado por los jóvenes; ir en busca del “sueño americano”.
Defender la educación gratuita hasta el nivel bachillerato como lo estipula el artículo 3º, de la Constitución Mexicana,  ha sido la bandera en las comunidades triquis.
Los padres de familia han luchado contra la deserción escolar  y gracias a ello se ha multiplicado la población estudiantil en el Colegio de Bachilleres.
Para estudiar el bachillerato en Rastrojo no existe ningún pago por inscripción, ni colegiaturas, tampoco curso propedéutico, o compra de uniformes gracias a la gestión de las autoridades de la comunidad Triqui ante el Gobierno del Estado; los pagos son  sólo si los estudiantes reprueban alguna materia.
En el ciclo que concluyó egresaron 48 alumnos,  de los cuales 30 continúan con estudios universitarios.
Las autoridades pretenden que en el siguiente año sean 60,  hasta que cada año por lo menos 90 de ellos estudie en alguna escuela de nivel superior.
BUSCARLES TRABAJO
Según cálculos de los pobladores, en 10 años serán cerca mil profesionistas en las comunidades de la Triqui Baja.
Pero el trabajo no termina ahí,  para ello deben prepararse las autoridades para ubicar en el  campo laboral a cada uno de ellos o bien que por lo menos exista la auto productividad en la región, indicó Ever Alberto Marín Alonso Director del Plantel 67 del Colegio de Bachilleres de Oaxaca (Cobao) en Rastrojo.
Cuando la escuela media superior se cambio a la modalidad de Cobao, todos los pueblos triquis determinaron que los jóvenes graduados en el nivel básico en la región debían estudiar y quedarse en el colegio de la comunidad para que continuara el sistema de bachillerato.
‘‘Todos los jóvenes se pudieron incorporar a la escuela en donde iniciamos con 90 estudiantes en octubre del 2012;  a dos años el número se ha duplicado’’, detalló el director.
Actualmente el Cobao  tiene un total de 318 jóvenes, gracias al trabajo de las autoridades en coordinación con el personal de la institución.
‘‘Para lograr los objetivos ha sido ardua la tarea de los docentes, hemos ido a visitar a cada una de las comunidades para platicar con los padres de familia que los jóvenes deben seguir estudiando’’, citó.
Debido al trabajo en conjunto, en enero de este año, el Colegio en coordinación con las autoridades y el Movimiento de Unificación y Lucha Triqui (Mult),  gestionaron recursos para la infraestructura de la escuela en donde fueron beneficiados con 20 computadoras nuevas, sillas, escritorios, mesas para equipo de cómputo, impermeabilizante, mejoramiento en agua potable, alumbrado público, mejoras en baños para los jóvenes, entre otros, con una inversión superior al millón de pesos.
‘‘Todo esto nos ha llevado a  que el Cobao le apueste al trabajo en Rastrojo así como en las otras comunidades Triquis’’, señaló Marín Alonso.
REZAGO EN EDUCACIÓN
Pese a que la educación en las comunidades Triquis es gratuita,  en comparación en otros municipios, la población estudiantil tiene otras exigencias principalmente en el hospedaje y alimentación.
Hace dos años, el rezago consistía en aulas dignas para tomar clases, ahora muchos de los jóvenes no tiene en donde vivir para  acudir al escuela.
‘‘Los jóvenes vienen acá algunos se les da hospedaje y alimentación pero no es suficiente, muchas de las casas no están acondicionadas porque no esperábamos que  vinieran tantos estudiantes’’, dijo un vecino de Rastrojo.
De la misma forma, el director del plantel expuso que los habitantes de la comunidad no estaban preparados para el impacto del creciente número de jóvenes y maestros en el lugar.
Cabe mencionar que la Comisión Nacional para el Desarrollo de los Pueblos Indígenas ha otorgado 80 becas para los estudiantes, las cuales no satisfacen las necesidades, pues la mayoría de alumnos se queda sin alimentación y hospedaje.
La falta de viviendas nos tiene preocupados,  ya que no hay espacio donde vivir y comer y los jóvenes se ven obligados a rentar en viviendas en malas condiciones, explicó Ever Alberto Marín Alonso.
Destacó que hace dos años la infraestructura llevaba cerca de 10 años sin mantenimiento por la ausencia de jóvenes ahora la gran cantidad de alumnos que acuden necesitan donde vivir porque muchos no son de la comunidad.
El número de aulas tampoco es suficiente. Otra de los problemáticas es no contar con señal de Internet para los estudiantes quienes ya cuentan con computadoras pero no con señal para hacer uso de ellas.
Los jóvenes que acuden al instituto educativo son de Cruz Chiquita, Río Venado, Cerro Pájaro, Río Lagarto, Cerro Cabeza, Río Humo, Río Metate, Rastrojo, San Juan Copala, Lázaro Cárdenas, Cienaguilla, Coyuchi, así mismo acuden de Chicahuaxtla, Santiago Juxtlahuaca, Putla de Guerrero y recientemente se han incorporando estudiantes de la Costa.
DEPORTE, OTRA PUERTA
Una opción más para que los jóvenes no sigan emigrando es el impulso al deporte.
Como la Academia de Baloncesto Indígena de México, que se ideó para, a través del deporte y la educación, combatir la pobreza y la desnutrición.
“Hemos demostrado una vez más que un libro y un balón de basquetbol pudo mover y abrir más puertas hacia un futuro mejor que las armas, que solo han creado más violencia y no nada más en la región indígena triqui, sino en todo México”, dice Sergio Ramírez Zúñiga, quien encabeza el proyecto.
La Academia inició con 18 comunidades y actualmente son más de 70 comunidades capacitadas y monitoreadas en la niñez.
HISTORIAS
Ramírez Zúñiga dice que le ha tocado vivir cientos de historias.
“¿No vas a la escuela? Pregunté... y su respuesta fue convincente: "Tengo que cuidar a mis animalitos, acarrear agua, cuidar a mis hermanitos, ir al campo a trabajar".
Cuando no está en la mañana en el campo trabajando, acompaña a su mamá en la tarde con la hermana más pequeña envuelta en un "perraje" (manta para cargar a los bebés sobre la espalda).
Montaña arriba, a conseguir leña o algún animalito o yerba (quelite) para comer y llevar a casa; cuando termina su jornada empieza su derecho a comer tortillas con salsa, frijol, aquí es algo natural su canasta básica es de tortilla, arroz, frijol, sopa y una vez por semana huevo”. 
Para los niños de la zona Triqui, la escuela es un sueño imposible.
Desde pequeños trabajan duramente para ayudar a completar el ingreso del hogar.
“Cuando hay hambre las letras no entran, este es un tema que aún no entienden los maestros de la región que reprueban a muchos niños, ya que me han dicho que se sienten incomprendidos y humillados por sus maestros”.
El estado de pobreza y pobreza extrema en que viven ocho de cada 10 familias indígenas triquis hace de la niñez un potencial económico para la supervivencia.
“Cada niño entiende que tiene que vivir en el intento y no en el abandono que México les dio. A ello se suma una cultura autoritaria, machista y discriminatoria que visualiza al niño y, más aún a la niña, como seres con mínimos derechos”.
“Por esta necesidades y problemas el Mult se unió para evitar esta problemática dándoles una mejor visión y formas de trabajo desde sus comunidades y lo mejor que es por medio de su trabajo y esfuerzo”.
Detrás de cada historia asoma la cara de la pobreza con sus tentáculos: desnutrición crónica, más del 60 por ciento de la población fuera del sistema de salud y elevada deserción escolar.
“Con esta unidad deportiva indígena, queremos que sea un ejemplo para todo el país, siendo originales, con ideas claras, teniendo en cuenta las verdaderas necesidades, programas que se adapten a las comunidades indígenas, no programas donde el indígena se tiene que adaptar; aquí cada niño le ayudamos a tener un promedio de 8 general en la escuela”.
Aquí les ofrezco hospedaje y comidas, de corazón, dice el entrenador, que confía en que su esfuerzo dará frutos.

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